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MATERNIDAD

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  Hoy por fin te sostengo en mis brazos y me extasío mirándote. Te estoy   alimentando agarrada a mis senos, y en tanto tus manitas acarician mi cara, mi sangre se calienta con un calor muy dulce. Y sé, que no puedo morirme, porque me necesitas para ser yo quien te sostenga en tus pasos primeros, quien te ayude a decir tus primeras palabras, con quien inicies tus primeros juegos, quien agarre tu mano para explorar el mundo, quien valore contigo el mal, la bondad y la amargura. Y seré yo, quien siempre esté dispuesta para abrirte la puerta cuando quieras volar porque te creas segura. Sólo en ese momento podré morir tranquila, aunque precisamente entonces le pediré a la vida que se detenga un poco, para ya con el alma dispuesta, disfrutar de mi obra perfecta que eres tú, hija mía.       CONCHA BELMONTE          agosto de 2.018

MÍA O DE NADIE

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  Como un puñal hundido en la carne desnuda, como una brisa gélida que hiela cuanto toca, como una ponzoñosa mordida de culebra, se desgarra la carne, se hiela y se envenena ante el dolor inmenso de sufrir la impotencia de no poder parar la sangría que no cesa de tanta mujer muerta a manos de asesinos que habían jurado compartir con ella su existencia.       CONCHA BELMONTE     septiembre de 2.018

MIEDO DE MIRAR TUS OJOS

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    Tengo miedo de mirar tus ojos, miedo no saber qué voy a encontrarme, miedo comprender que si no has de mirarme hallaré un camino de piedras y abrojos.   Pero necesito contemplar tus ojos, bucear el fondo donde pueda hallarme, nadar en sus aguas para rescatarme y que lo que busco no sean despojos   de un amor sentido con toda ilusión e ir descubriendo tirando del hilo que nos tuvo unidos un tiempo dorado   y que en vez de un sueño fue una perdición que mi corazón la vivió intranquilo y al final de todo quedó desgarrado.     CONCHA BELMONTE     octubre de 2.018  

VISITEOS RAROS

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Si viene a verme la muerte la saludo con la mano, que no se haga la fuerte por la mañana temprano. Y porque no se disguste no sea que se me enfade, le digo que ella es ilustre y que espere que yo acabe. Y cuando aprenda a morirme voy a llamarla se lo juro, entonces que sabré irme, por mí que se fume un puro. Aunque no me gusta el humo, con tal de verla contenta miraré para la puerta para no pisar el churro, que dejó una quinceañera mirando muy sorprendida quien era mi compañera y le dije, no es la Vida. Y aquí dejaré la historia de mi amistad con la muerte que no me produce euforia pero quizás me dé suerte. Porque si le doy la mano y nos hacemos amigas ella me traerá a trasmano hasta un buen plato de migas.     CONCHA BELMONTE        abril de 2.024

MORIR PARA SEGUIR NACIENDO

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  Llegó un momento que me puse a caminar con la sola compañía de mi sombra. Cuando pesa tanto esa cosa llamada soledad, cuando el desengaño ni siquiera te nombra, ni el mar en calma te refleja la luna, y cuentas las estrellas una a una para olvidarte del olvido, bajas a los abismos para ver a los demonios. Y de pronto descubres que puedes remontar sola tanta amargura, aceptas todo el daño que te sirvió para sentir, que como el ave Fénix, sólo se muere para nacer, y, con suma alegría compruebas que morirte cada día te sirve de camino para volver a ser.        CONCHA BELMONTE         junio de 2.019

SI TE ALEJAS

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  Si te alejas de mí, me matas o me muero; y aunque quiero vivir para seguirte amando, si hubiera que morir, aunque morir no quiero, quiero morir soñando.              CONCHA BELMONTE           enero de 2.009

MI CUERPO Y MI ALMA

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  Maldigo mi cuerpo porque no deja de añorar al tuyo, maldigo que no se conforme con ser el estuche de mi alma, lo odio en tal manera que le deseo la muerte. Que se muera, sí que se muera, si nunca va a tenerte. De qué puede servirme este cuerpo prestado que no soporta ser únicamente el desterrado de tu cuerpo que no le pertenece, ni le dará la calma. Aun cuando se emborrache soñando que estáis juntos.              CONCHA BELMONTE            octubre de 2.018