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CANSANCIO MORTAL

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  Este mortal cansancio que todo lo hace opaco, este cansancio que apaga la belleza de la luz de la tarde, que deja turbio y gris el espejo de la mar en calma y me anula el deseo de atender la llamada de una voz amorosa que suena allá a lo lejos suplicando una espera sin tener esperanza. Porque ya nada deseo ni espero, y en la parte más honda de mi misma   únicamente siento ese mortal cansancio de todos los fracasos. Y miro sin pasión y sin reproches hacia el mar que en un momento soñé mío. Y donde en otro tiempo me dibujó caminos este cansancio infame sólo me deja ver el mar de todos los naufragios. Sabiendo como sé, que sólo ha cambiado la forma de mirar, porque el mar es eterno y donde estuvo el brillo de la luna cabrilleando alegre, hoy, sima sin fondo de una tormenta ciega. La soledad más triste en los ojos cansados al borde del abismo, la indiferencia del que todo ha perdido, del que ya nada espera. Y mientras tanto   a rast...

AMAR COMO TE AMO

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  Busco sin esperanza amarte de otro modo. Intento no compartir mi amor, ni siquiera contigo. Procuro que mi amor sea tan íntimo, tan secreto, tan loco, tan silencioso y   mío que sólo sea yo quien lo conozca. Pero te amo tanto que esto es un vano intento, y es que sin yo querer, tu nombre se me sube a la boca, y se me vuela al viento.              CONCHA BELMONTE         octubre de 2.015  

CUANDO MUERE LA TARDE

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  El día se ennoblece cuando muere la tarde, y justo en este instante, la tarde está muriendo aunque ella no lo sabe. Es la suya una muerte dulce y suave, como debieran de ser todas las muertes. Y se muere lánguidamente recostada sobre un soplo de luz que viene del poniente. Y dejo que esta luz me abrace para poder sentir la soledad, la mejor compañía para morirse. Y en un instante eterno, como si el Universo fuera mío, soy feliz, únicamente por sentir movidos mis cabellos por el viento.   CONCHA BELMONTE     diciembre de 2.009  

CUANDO SE HAGA LA LUZ

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  Inútilmente busco una pequeña luz en la ventana de tus ojos. Mirarlos me da miedo; ese inmenso extravío de tristeza que veo en ellos, como la cruz de Cristo en el madero, a su dolor atado, sin el amor del mundo y su consuelo. Deja ese sufrimiento que yo no sé porqué te está matando. Abre tu corazón, cuenta tus penas, grítale al Cielo, si tienes que pedirlo, pide perdón por lo que nunca has hecho, duélete de tu vida, acércate a mi pecho que sólo quiero darte   tu redención si has de sufrir condena, aunque yo sé que no. Por eso espero que vuelvas a tu fuerza y a tu valor y remontes el bache donde has caído Y vuelvas a ser tú. Y cuando seas tú, podré ser yo. Cuando ambos seamos eso que siempre fuimos Nos miraremos y sin decirnos nada nos lo diremos todo Con la mirada,   juntaremos las manos y su calor, será el reflejo de nuestro amor.     CONCHA BELMONTE   agosto de 2.022

A TU ORILLA

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  Viviendo a tu orilla pero no a tu sombra. Estoy orillada, perdida, callada de ver que tu sombra se achica y no participa y no da frescor. En tanto tu orilla que creí infinita se vuelve desierto cada vez más grande, cada vez más triste, más árido y seco y estar a tu orilla se está convirtiendo en puro dolor.   Estar dolorida, encontrarme presa de esta encrucijada que lleva a tu amor en dónde tu orilla, sólo arena y viento y en dónde tu sombra se me va perdiendo en la espesa niebla, de mi pensamiento, es puro dolor.   Aunque sea triste, el decir adiós, si hay que alejarse de   un ingrato amor, más pronto que tarde se emprenda el   camino, se abrirá la puerta de la salvación. Y el alma respira sabiendo que evita un puro dolor.        CONCHA BELMONTE        noviembre de 2.019    

FLOR DEL PANTANO

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  Tu mirada para hurtar tu desapego se volvió noche y me sentí perdida caminando con las manos extendidas igual que en la oscuridad camina el ciego. Y al hacerse noche me quitó el sosiego, el alma y la calma sin piedad dolidas, mi corazón sangrando por la herida del injusto abandono de tu apego.   El corazón halla la fuerza en el dolor injusto, no merecido ni esperado, y   hace una mujer de una triste ruina   como la tierra puede dar una flor del pestilente lodazal del pantano tan fuerte y bella como nadie imagina.     CONCHA BELMONTE          junio de 2.020

EL AMOR ES UN VIENTO

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  Yo nací de una roca caliza y me volví caña y también junco. El viento del amor doblegó mi cintura a la orilla del río de la vida. La corriente del agua se llevó río abajo ilusiones tempranas y las dejó a la orilla donde el caliente sol del verano las fue poco a poco despojando de vida, hasta volverlas polvo, tristes, marchitas. El viento de la ausencia las levantó hasta el cielo de los desengañados donde van a   morir las ilusiones niñas. Crecí despacio y en esa ruta Fui recordando que nací roca y con orgullo volví al seno materno y abrazada a mi madre, sé que soy dura. Y en mi dureza el viento del amor ya no me tumba por muy fuerte que sople   y su fuerza no me causa dolor, quebranto, ni tristeza, pues sé que soy el doble de   poderosa de lo que fui cuando ese viento me cautivó. El viento del amor no me interesa porque conozco sus artimañas, sus aspavientos, hoy mis errores me convirtieron en maestra y entiendo mucho...