UNA PEQUEÑA LLAMA
Como una llama pequeña y temblorosa todo a tu alrededor iluminabas; desde tu humilde vastedad discreta, vigilabas atenta y en silencio, allanar mi camino. Y con afán buscabas, que una aurora, que soñabas radiante, me alumbrara. Y en la sombra, siempre en la sombra, como quien no hace nada, tu frágil mano fuerte, sostuvo mi destino. Por eso y otras cosas, bendita seas mil veces, Madre. CONCHA BELMONTE octubre de 2.009