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ME DUELE QUE ME DUELAS

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  Me dueles fuertemente, me duele que me duelas con tu mirada ausente que sin querer me cuenta lo que calla tu boca, me dueles en la noche que mi dolor provoca y no te hago reproche porque me llames loca. El dolor que yo siento por tanto desvarío me da tal desaliento que me mata de frío, pero me duele tanto aceptar que me duela el triste desencanto de ver cómo te alejas sin pena ni quebranto mientras mi vida dejas igual que un pobre espanto andando en la calleja sin escuchar tu paso, que está en otro camino, bajo otro cielo al raso y para mí el olvido. Por eso duele tanto………..   Me dueles fuertemente me duele que me duelas con tu mirada ausente que sin querer me cuenta.     CONCHA BELMONTE    abril de 2.022

VIVIR EN UNOS OJOS

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  Es difícil vivir dentro de una mirada. Hubo un tiempo que yo vivía en tus ojos, recostada en tus ojos como un lecho de agua, templada,   transparente y limpia, siempre abrazada a tu mirada húmeda. Se vivía bien dentro de tu mirada, flotar en tu mirada como en un lago de azules aguas me serenaba el alma. En poco tu mirada cambió, se hizo turbia, se hizo dura   y se volvió fría, y vivir en tus ojos   resultó una agonía.         CONCHA BELMONTE         mayo de 2.023

LA VIEJA CASA

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  Trepa la hiedra, como verdes sierpes, abrazada a tus muros. Y en tus huecos ruinosos anida su follaje, y su capa mullida te va cubriendo. Un aire antiguo silba, casi en silencio, por tus viejos pasillos, morada de fantasmas   que a nadie infunden ya temor. Gotas de luz que llueven por entre los resquicios de tus ondulaciones, temblor de hojas tiernas movidas de mano de una brisa que a veces se detiene, como por recordarte que habéis tenido ambas otro tiempo mejor. Y quizás siente lástima de ti, su vieja compañera, ella que nunca muere; y ve cómo te vas muriendo día a día, gota a gota, con esa muerte lenta   de los abandonados, con esa muerte triste de aquellos que para nadie cuentan.         CONCHA BELMONTE           marzo de 2.010

ERA LLENA DE GRACIA

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  Era llena de gracia Como el Ave María Amado Nervo     Así era ella, mi dulce madre, origen puro de mi vivir, mirada dulce, mirada triste, vino a este mundo para sufrir, vida difícil pero serena, que ella aceptaba sin protesta ni oposición. Quien llamaba a su puerta siempre tenía lo que buscaba: un pedazo de pan, el de su boca lo repartía o daba entero sin vacilar, y humilde y callada, nos reprochaba si alguno de sus hijos por protestar, desaprobaba su generosidad. Así era ella, mi dulce madre, origen puro de mi vivir, y a boca llena puedo decir Con el poeta:   Era llena de gracia, como el Ave María.         CONCHA BELMONTE             Abril de 2.025

SOMBRA Y SILENCIO

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  La tarde languidece y se deja abrazar por la noche temprana. Yo desde mi ventana languidezco como la tarde, dulce melancolía me abriga el alma y miro al cielo, vuelo de pájaros buscan su alcoba en las ramas del árbol que hay bajo mi ventana, y él amoroso presta sus ramas y los recoge y ellos agradecidos pliegan sus alas y juguetean con la hojarasca que les da abrigo, y mientras se acomodan, pían una nana, como una madre canta a su pequeña   cría. Poco a poco la noche que todo lo enlentece, trae el silencio como un regalo para el descanso, para el ensueño de quienes sueñan. Yo con sumo cuidado entorno mi ventana y me voy a la cama Para soñar contigo y allí te encuentro.       CONCHA BELMONTE   septiembre de 2.023

EL BESO Y EL PERFUME

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  Besarte es como levantar el vuelo a otras latitudes tan lejanas que sólo con el pensamiento gana la fuerza de tu olor cuando te huelo.   Olerte es vivir en medio de un jardín de flores con perfume de mil rosas de infinitos colores, primorosas, un paraíso sin principio y sin fin.     Besar y olerte todo al mismo tiempo es brindar por la vida y sus regalos, es levantar con alegría la copa.   En brindis sin conciencia de destiempo, sin prisas, sin descanso ni intervalos, mientras el corazón se me desboca.     CONCHA BELMONTE      julio de 2.019  

MOMENTOS

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Hubo momentos dulces de amaneceres limpios, llenos   de inocencia y de luz, hubo momentos tiernos de cariño y entrega, hubo momentos de miradas curiosas ansiando penetrar el misterio del mundo. Hubo momentos de encendida pasión y momentos serenos de respeto amistoso. Hubo momentos lúcidos de acercamiento al otro, comprendiendo en silencio algún secreto oculto. Y a veces, también hubo ceños fruncidos por un mal desencuentro que se saldó cediendo, con un rastro de herida dolorosa que no cicatrizó. Pero a pesar de todo, ambos estamos convencidos que hubo hermosos momentos con luz de perfección.       CONCHA BELMONTE           enero de 2.019