MÍA O DE NADIE
Como un puñal hundido en la carne desnuda, como una brisa gélida que hiela cuanto toca, como una ponzoñosa mordida de culebra, se desgarra la carne, se hiela y se envenena ante el dolor inmenso de sufrir la impotencia de no poder parar la sangría que no cesa de tanta mujer muerta a manos de asesinos que habían jurado compartir con ella su existencia. CONCHA BELMONTE septiembre de 2.018