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VIENDO PASAR LA VIDA

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  Desde esta soledad que no me pesa, veo pasar la vida que viene sin sorpresa, que pasa alguna vez con mucha prisa y la veo pasar muerta de risa. Y mientras la veo como pasa a su aire me llega tu recuerdo como al desgaire. Y me pregunto qué habrá sido de ti, dónde estarás ahora, si te acuerdas de mí y aunque nada me importa que me recuerdes que de los dos tú eres el que más pierdes. Yo te deseo   amigo que   estés mejor que a mi lado estuviste, no te guardo rencor y sigo en mi ventana viendo pasar la vida con el recuerdo vano de nuestra despedida.   CONCHA BELMONTE        mayo de 2.021

FLAMENQUERÍAS

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  A lo lejos un fandango tamborilea mi memoria, me suena una petenera saliendo de la garganta de una flamenca señera. Con mis manos hago palmas al oír una saeta cantada con gracia fina pasando la Malagueta nuestra Señora del Carmen seguida por las trompetas que avisan a los vecinos que la Virgen está cerca y los fieles con labios casi cerrados una oración bisbisean.   Y después de esta historia levanto la vista al cielo sintiendo que estoy contenta,   llena de agradecimiento. El drama de Andalucía es que nadie fuera ve su sufrimiento y piensan que al andaluz sólo le priva el flamenco. Y se olvidan de Becquer, y los Machado, de Federico y sus versos, de Baltasar del Alcazar, que era bueno   aunque esto suene a viejo. De mujeres andaluzas, como Atencia, Zambrano, y sus sentimientos,   y Pilar Paz, Mercedes Formica, Regina de Lamo, y compañeros   sus versos, Carmen de Burgos y otras, sus escritos y sufrimientos   leídos...

VIVO TE QUIERO

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  Me muero de dolor porque te estoy matando, yo que te quiero tanto soy para ti un veneno que tú bebes con sed a tragos largos y no puedo morirme porque si yo me muero, sé que te mato.       CONCHA BELMONTE         febrero de 2.020  

UNA ROSA

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  Me convertiste por amor en una rosa de pétalos quemados, mi flor de juventud que pudo ser dichosa se consumió en tus manos como una sombra triste, doliente y ruinosa inmolada en el ara de un dios taimado.   Por suerte no hay nada que resista al tiempo, y hoy eres un mal recuerdo condenado al olvido. En tu daño me pierdo y mis espinas clavo sólo en mi corazón que sigue vivo y está dispuesto siempre para seguir amando lo que el mundo le ofrece, inmune al desengaño.     CONCHA BELMONTE      septiembre de 2.019

LA VIDA DA, LA VIDA QUITA

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  Cuando pones en mi mano tu boca y veo tu mirada llena de amor, creo volverme loca, el corazón se me desboca y su latir suena a volcán que lo que toca arrasa el fluir de su fuego. Vivir para siempre abrazada a tu cuerpo es la esencia del mejor de mis sueños y sentir junto a mí el calor de tu vida que paladeo despacio como el mejor licor, y cerrando los ojos pido parar el tiempo.   Con el tiempo por un tiempo parado, el cielo se nubló con nubes de tormenta, lloviendo sin piedad gotas de muerte. Se murió mi alegría y se acabó mi suerte y cuando llegue tu trágico momento, sé que le tendré mucho más miedo a mi vida que a tu muerte.     CONCHA BELMONTE         julio de 2.024    

SOÑANDO EL MAR

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  En el mar de mis sueños ocurren muchas cosas que sólo yo las veo. Sentada en una roca cuando el mar está en calma, casi sin olas, plano y brillante como un espejo, un alcatraz hambriento picotea con ansia un banco pequeñito de peces muertos y con el buche lleno, extendiendo sus alas, levanta el vuelo y se me pierde, y allá a lo lejos, mientras va anocheciendo la luna llena asoma su disco de oro en el horizonte y entre la luna y yo, la vela de un barquito se transparenta como salida de una acuarela. Y me inunda la paz y lloro de emoción, y mientras lloro, musito para adentro una humilde oración.     CONCHA BELMONTE     marzo de 2.019  

UN ATARDECER CUALQUIERA

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  Se está escondiendo el sol por detrás de los picos de la sierra, pero aun pone sobre la mar cabrilleos de oro como besos de amante que no quisiera irse, y el mar recibe la caricia y se serena, mientras viene a lamer la arena de la orilla, justo allí dónde tengo los pies. Una extraña nostalgia me invade de repente sin que sepa de qué, y caigo de rodillas con los ojos al cielo e imploro humildemente: Señor, ayúdame a fundirme en la belleza que me estás regalando, quiero formar parte de ella hasta el momento que dispongas de mí, y permite que mi última hora sea como esta.   CONCHA BELMONTE      junio de 2.020