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SOMBRA Y SILENCIO

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  La tarde languidece y se deja abrazar por la noche temprana. Yo desde mi ventana languidezco como la tarde, dulce melancolía me abriga el alma y miro al cielo, vuelo de pájaros buscan su alcoba en las ramas del árbol que hay bajo mi ventana, y él amoroso presta sus ramas y los recoge y ellos agradecidos pliegan sus alas y juguetean con la hojarasca que les da abrigo, y mientras se acomodan, pían una nana, como una madre canta a su pequeña   cría. Poco a poco la noche que todo lo enlentece, trae el silencio como un regalo para el descanso, para el ensueño de quienes sueñan. Yo con sumo cuidado entorno mi ventana y me voy a la cama Para soñar contigo y allí te encuentro.       CONCHA BELMONTE   septiembre de 2.023

EL BESO Y EL PERFUME

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  Besarte es como levantar el vuelo a otras latitudes tan lejanas que sólo con el pensamiento gana la fuerza de tu olor cuando te huelo.   Olerte es vivir en medio de un jardín de flores con perfume de mil rosas de infinitos colores, primorosas, un paraíso sin principio y sin fin.     Besar y olerte todo al mismo tiempo es brindar por la vida y sus regalos, es levantar con alegría la copa.   En brindis sin conciencia de destiempo, sin prisas, sin descanso ni intervalos, mientras el corazón se me desboca.     CONCHA BELMONTE      julio de 2.019  

MOMENTOS

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Hubo momentos dulces de amaneceres limpios, llenos   de inocencia y de luz, hubo momentos tiernos de cariño y entrega, hubo momentos de miradas curiosas ansiando penetrar el misterio del mundo. Hubo momentos de encendida pasión y momentos serenos de respeto amistoso. Hubo momentos lúcidos de acercamiento al otro, comprendiendo en silencio algún secreto oculto. Y a veces, también hubo ceños fruncidos por un mal desencuentro que se saldó cediendo, con un rastro de herida dolorosa que no cicatrizó. Pero a pesar de todo, ambos estamos convencidos que hubo hermosos momentos con luz de perfección.       CONCHA BELMONTE           enero de 2.019    

MATERNIDAD

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  Hoy por fin te sostengo en mis brazos y me extasío mirándote. Te estoy   alimentando agarrada a mis senos, y en tanto tus manitas acarician mi cara, mi sangre se calienta con un calor muy dulce. Y sé, que no puedo morirme, porque me necesitas para ser yo quien te sostenga en tus pasos primeros, quien te ayude a decir tus primeras palabras, con quien inicies tus primeros juegos, quien agarre tu mano para explorar el mundo, quien valore contigo el mal, la bondad y la amargura. Y seré yo, quien siempre esté dispuesta para abrirte la puerta cuando quieras volar porque te creas segura. Sólo en ese momento podré morir tranquila, aunque precisamente entonces le pediré a la vida que se detenga un poco, para ya con el alma dispuesta, disfrutar de mi obra perfecta que eres tú, hija mía.       CONCHA BELMONTE          agosto de 2.018

MÍA O DE NADIE

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  Como un puñal hundido en la carne desnuda, como una brisa gélida que hiela cuanto toca, como una ponzoñosa mordida de culebra, se desgarra la carne, se hiela y se envenena ante el dolor inmenso de sufrir la impotencia de no poder parar la sangría que no cesa de tanta mujer muerta a manos de asesinos que habían jurado compartir con ella su existencia.       CONCHA BELMONTE     septiembre de 2.018

MIEDO DE MIRAR TUS OJOS

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    Tengo miedo de mirar tus ojos, miedo no saber qué voy a encontrarme, miedo comprender que si no has de mirarme hallaré un camino de piedras y abrojos.   Pero necesito contemplar tus ojos, bucear el fondo donde pueda hallarme, nadar en sus aguas para rescatarme y que lo que busco no sean despojos   de un amor sentido con toda ilusión e ir descubriendo tirando del hilo que nos tuvo unidos un tiempo dorado   y que en vez de un sueño fue una perdición que mi corazón la vivió intranquilo y al final de todo quedó desgarrado.     CONCHA BELMONTE     octubre de 2.018  

VISITEOS RAROS

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Si viene a verme la muerte la saludo con la mano, que no se haga la fuerte por la mañana temprano. Y porque no se disguste no sea que se me enfade, le digo que ella es ilustre y que espere que yo acabe. Y cuando aprenda a morirme voy a llamarla se lo juro, entonces que sabré irme, por mí que se fume un puro. Aunque no me gusta el humo, con tal de verla contenta miraré para la puerta para no pisar el churro, que dejó una quinceañera mirando muy sorprendida quien era mi compañera y le dije, no es la Vida. Y aquí dejaré la historia de mi amistad con la muerte que no me produce euforia pero quizás me dé suerte. Porque si le doy la mano y nos hacemos amigas ella me traerá a trasmano hasta un buen plato de migas.     CONCHA BELMONTE        abril de 2.024