Si es que te vas, cierra la puerta amor. Ciérrala muy despacio, que no se oiga el rumor de tu partida. No te lleves contigo nada que te haga daño. Y cuando te hayas ido, recogeré lo que dejaste a este lado de la puerta. Que se queden conmigo, para que los entierre, los sentimientos malos, los reproches, los desengaños, y si hubo agravios, los agravios. Quiero que, cuando alguien se mire de nuevo en tu mirada, la encuentre limpia, que es cómo yo deseo recordarla. De esta historia pasada, lo mejor y aquello que más quiero, es poder cada mañana, asomarme sin ira a tu recuerdo. CONCHA BELMONTE agosto de 2.008