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EL VIENTO DE LA MENTE

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  Me estaba surgiendo un poema de amor   y un viento de la mente, se lleva volando las palabras. Me angustio y las persigo, atrapo en el aire sólo dos, pero en un remolino se vuelan las demás. Era tan bonito y tan dulce decirte que te quiero y se han ido volando. Puede que el viento en medio de otro giro las consiga juntar y las convierta en un hermoso verso, y en mi lugar te las sople al oído.     CONCHA BELMONTE    diciembre de 2.021

PALABRAS A SOLAS

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  Las palabras que salen de mi boca, no me piden permiso, salen buscando el aire y yo las dejo que me acompañen, sólo les voy rogando que digan lo que quiero que escuche alegremente mi amor primero. Ellas me dejan elegir mis sentimientos, los cogen de la mano y juntos vuelan sinceros, igual que mariposas primaverales tomando el fresco sobre rosas tempranas que aún no han abierto. Palabras, palabras, dulces palabras que van tejiendo tapices bordados en realce de sentimientos, unas veces alegres, otras más tristes, siempre ligeros, para poder volar como vuela el jilguero, de rama en rama sus trinos mañaneros. Escuchando esos trinos sonando a gloria, yo me despierto y agradezco al Destino, a la Vida, al Cielo, disponer de palabras a solas y experimento la dicha a solas de esos momentos.       CONCHA BELMONTE       enero de 2.024

VOLAR COMO LAS GOLONDRINAS

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  Volver a empezar me propones? A ser niña de nuevo? No, no; lo pasado, pasado. De mi primera infancia sólo añoro la ausencia de dolor, la levedad del cuerpo. El poder alcanzar sin esfuerzo las ramillas más altas de la higuera verdal, cabalgar en la horquilla de dos ramas amigas y desde allí, de cuando   en cuando un higo, gloria en el paladar. Y soñar, soñar con volverme golondrina que llegado el otoño levanta el vuelo en dirección a Egipto, ese país eterno donde discurre el Nilo y los dioses antiguos mandaron a los hombres edificar palacios para honrar su recuerdo. Y siendo golondrina mirarlos desde arriba, como los ven los dioses. Y cuando esté cansada, plegar dulcemente mis alas y posar ese cuerpo liviano que sería mi cuerpo, allá en Dendera en el templo de Hathor. Y al   borde del alero contemplar cómo se hunde el sol en el ocaso violeta y rosa, rosa y violeta   del desierto.       CONCHA BELMONTE ...

NIEBLA Y TRISTEZA

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  En esta triste tarde estoy sola, sola con mi tristeza que siempre me acompaña desde que tú te has ido. Y mi llanto callado se vuelve niebla, niebla que empaña la luz que alumbra mi corazón marchito y por tu ausencia llora. Mi tristeza y la tarde blandamente empapadas de llanto hacen que poco a poco todo se vuelve niebla. La puerta a mi interior para tí abierta y mi luz encendida por si regresas es sólo una ilusión, no una certeza. Roto mi corazón cansado de esperar envuelto en la tristeza, tomo una decisión, levanto la cabeza con rebeldía y   canto una canción.   Y me digo, tu olvido y mi tristeza son buen motivo de aprender la lección, y esta lección por hoy la hago mi alegría.   CONCHA BELMONTE     agosto de 2.023  

TIEMPO QUEMADO

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  La juventud sin advertir que su tiempo también será finito, lo usa, lo desusa, lo quema, lo malgasta, lo regala y aplasta, y lo deja correr. El tiempo enloquecido acelera su paso. Y cuando está ya consumido, tu cuerpo pide sol y descanso, un pequeño rincón donde llorar la juventud perdida y el corazón dolido por saber que el tiempo nunca da marcha atrás como un reloj. Te paras y haces el recuento de los días pasados. Serán más los pasados que los que quedan por pasar? Y te vuelves avara del tiempo, del sol, del descanso, del amor y la amistad. Y empiezas a hacer planes de administrar el tiempo mientras el tiempo corre, tu cabeza da vueltas, tu corazón se escita y el tiempo sigue corriendo, hasta que te das cuenta que no sirve de nada. Lo único seguro es el momento, vívelo, y cuando el tiempo acaba el inventario de la vida son los buenos momentos que hayas vividos.   Un rayo de sol, una mirada, un beso, una mano tendida………….   ...

LOS ÁLAMOS Y TÚ

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  Tu voz suena en mi oído como el viento a través de las hojas de los álamos. Y al escuchar tu voz, mi cuerpo tiembla como las hojas de los álamos movidas por el viento. Es tu mano en mi hombro lo que me hace entender lo que sentirá el álamo, cuando sobre su rama se posa el ruiseñor y le canta   CONCHA BELMONTE        marzo de 2.007

LECCIONES DE VIVIR

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  Para acabar en el camino de la muerte lecciones de vivir me has dado. Y en esto me he perdido muriendo doblemente: muero porque has estado y muero porque te has ido.   CONCHA BELMONTE      octubre de 2.008