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POLVO ENAMORADO

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  Ardo de amor y esto no tiene cura. Arder en este fuego Al que voluntaria me entrego Me hace estar segura Que toda entera me volveré ceniza. Arder de amor nos da de resultado Que al ser ceniza nos volveremos polvo Y ya dijo Quevedo: Seremos polvo, sí, Pero seremos polvo enamorado.         CONCHA BELMONTE          agosto de 2.018    

NO PREGUNTES

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  Un dulce escalofrío me despierta y me encuentro en tus brazos. Amanecemos juntos, desnudos y abrazados. Me recuesto dichosa en el tibio regazo de tu cuerpo, y desde ahí te sueño. Ya sé que estoy en ti, pero te sueño. Cuando despiertes tú me preguntarás qué haremos hoy, y mañana y el resto de la vida? con un breve suspiro te besaré los labios y no responderé. No hacen falta respuestas.               CONCHA BELMONTE             septiembre de 2.016

LEVAR ANCLAS

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  La nave de mis sueños la tengo anclada hace ya tiempo justo   en la mitad de un mar que ni tormentas tiene. Y me aburro infinito en esta nave en medio de este mar. Pero no tengo fuerza de levantar el ancla. Y aun así me queda la esperanza que el día menos pensado el corazón se me desboque y en un arranque pueda liberar el ancla del abismo para surcar los mares donde brille el sol, o los vientos arremolinen nubes, vencer las tempestades, y sentada en la popa, al igual que hizo el pirata navegar tarareando una canción.          CONCHA BELMONTE             julio de 2.018  

LA PESADILLA

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  Igual que un agua fluye tranquila   de un oculto venero entre dos piedras, fluye la sangre que mana de mi herida, tibia, y espesa, ausente de la carne que alimenta tan mal alimentada que se cae de bruces. Se transparenta como la triste túnica de una muerte que vino a morir sola al pie de una reja oxidada y el moho que la cubre. Y   la herida se cierra poco a poco y deja de sangrar, se va recuperando y vuelve mi carne a su color, a dar calor a la vida que sostiene mi cuerpo.   El dolor del cuerpo reproduce en el sueño lo que padece el alma cuando vive intranquila. Me despierto, fin de la pesadilla, me voy a la cocina, me tomo mi café y empieza un nuevo día igual que todos los demás, y como en un tío vivo la rueda gira para empezar de nuevo.   CONCHA BELMONTE     octubre de 2.021

LLUVIAS DE OTOÑO

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Esta primera lluvia del otoño, como no puede ser de otra manera, trae gotas turbias prisioneras de polvo igual a las hojas del madroño   que cerrando la vida a sus retoños no podrá florecer en primavera. Así me encuentro yo que sensiblera mi pobre corazón sola emponzoño.   Aunque sueño con darle la alegría de que vuelvas a ser como antes eras y pueda ufano y satisfecho sonreír,   para juntos escuchar la melodía que orquesta el amor en primavera a los enamorados sujetos al redil.   CONCHA BELMONTE    noviembre de 2.021    

LA HERIDA

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  Se escucha cercano un leve rumor, surge de la nada una aparición extraña y hermosa que causa temor. Vista a contra luz la figura erguida con aires de estatua de un antiguo dios de la antigua Grecia por su perfección.   La figura de pronto se mueve y cobra vida Y en la anochecida con un sol de fuego el rostro del hombre refleja dolor, profunda tristeza en su triste mirada, con un pliegue amargo que frunce la boca de bello contorno, labios apretados como si quisieran ahogar un sollozo que de la garganta sube hasta la boca y allí muere preso por entre los dedos que la están tapando con gesto nervioso.   El hombre me mira y parece que me quiere hablar y no dice nada, ladea la cabeza y se gira, a paso cansino echa a caminar y dobla la esquina. Y dentro de mí sé que algo se ha roto, porque esa mirada igual que un puñal   me dejó una herida, y que yo impotente no podré curar.       CONCHA BELMONTE ...

MEDITERRÁNEO

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  Estoy varada a la orilla de un mar que torpemente lame mis heridas y con su sal las deja en carne viva; no me puedo mover medio hundida en la arena. Las heridas me duelen y el mar no me consuela y al mar siempre que he ido llegué buscando su consuelo. Algo se ha roto, no sé si el tiempo se paró o me he parado yo, no sé si el mar es un mar que no conozco, no sé si me paré en mar poco amistoso y para más dolor empiezan a caer gotas de miedo de una llovizna que baja desde el cielo. Me recojo en mi misma y me pongo a llorar, no vendrá nadie a preguntar, pero si me preguntan puedo decir que nunca lloro, lo que parece llanto son las salpicaduras del mar y de la lluvia.   Voy a cerrar los ojos y si me duermo soñaré con mi mar, el de mi infancia, mi mar Mediterráneo que siempre me consuela si le cuento mis penas, donde a su orilla sueño y en las noches de luna me inspira versos.   CONCHA BELMONTE     octubre de 2.020