LA HERIDA
Se escucha cercano un leve rumor, surge de la nada una aparición extraña y hermosa que causa temor. Vista a contra luz la figura erguida con aires de estatua de un antiguo dios de la antigua Grecia por su perfección. La figura de pronto se mueve y cobra vida Y en la anochecida con un sol de fuego el rostro del hombre refleja dolor, profunda tristeza en su triste mirada, con un pliegue amargo que frunce la boca de bello contorno, labios apretados como si quisieran ahogar un sollozo que de la garganta sube hasta la boca y allí muere preso por entre los dedos que la están tapando con gesto nervioso. El hombre me mira y parece que me quiere hablar y no dice nada, ladea la cabeza y se gira, a paso cansino echa a caminar y dobla la esquina. Y dentro de mí sé que algo se ha roto, porque esa mirada igual que un puñal me dejó una herida, y que yo impotente no podré curar. CONCHA BELMONTE ...