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VÉRTIGO

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  Hay algo que se mueve cerca de mí y no lo veo,   me da vértigo sentir un movimiento si no consigo ver qué es lo que se mueve. A tientas voy buscando y no lo encuentro. Al final mi vértigo se aplaca, quizás será que me acostumbro y me resigno, el mundo sabe que se puede hallar resignación en la ignorancia. Me acomodo, y un aire suave me envuelve toda, como una noche de verano junto al mar. Ese soplo suave que me llegó de pronto pudo darme la clave de lo que se movía? pudo ser el amor? quizás era el amor, porque el amor se mueve y si se siente aun sin verlo se cree en él. Y yo lo estoy sintiendo. Si eres el amor acércate. Pero acércate tanto que ni el aire circule entre tú y yo.       CONCHA BELMONTE        julio de 2.019  

VÉRTIGO

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  Hay algo que se mueve cerca de mí y no lo veo,   me da vértigo sentir un movimiento si no consigo ver qué es lo que se mueve. A tientas voy buscando y no lo encuentro. Al final mi vértigo se aplaca, quizás será que me acostumbro y me resigno, el mundo sabe que se puede hallar resignación en la ignorancia. Me acomodo, y un aire suave me envuelve toda, como una noche de verano junto al mar. Ese soplo suave que me llegó de pronto pudo darme la clave de lo que se movía? pudo ser el amor? quizás era el amor, porque el amor se mueve y si se siente aun sin verlo se cree en él. Y yo lo estoy sintiendo. Si eres el amor acércate. Pero acércate tanto que ni el aire circule entre tú y yo.       CONCHA BELMONTE        julio de 2.019  

VÉRTIGO

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  Hay algo que se mueve cerca de mí y no lo veo,   me da vértigo sentir un movimiento si no consigo ver qué es lo que se mueve. A tientas voy buscando y no lo encuentro. Al final mi vértigo se aplaca, quizás será que me acostumbro y me resigno, el mundo sabe que se puede hallar resignación en la ignorancia. Me acomodo, y un aire suave me envuelve toda, como una noche de verano junto al mar. Ese soplo suave que me llegó de pronto pudo darme la clave de lo que se movía? pudo ser el amor? quizás era el amor, porque el amor se mueve y si se siente aun sin verlo se cree en él. Y yo lo estoy sintiendo. Si eres el amor acércate. Pero acércate tanto que ni el aire circule entre tú y yo.       CONCHA BELMONTE        julio de 2.019  

EL VERANO

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  Las tiernas flores de la primavera se fueron marchitando bajo el sol y la campiña, cambió su manto verde, cubriéndose orgullosa con el dorado manto de los trigales a punto de la siega.   Una brisa caliente, que mece y besa cuanto toca, lleva en su beso fuego que prende en los corazones deseos de gozar plenamente de la pasión-amor, llenando los sentidos de arrebato sensual.   Y el mundo adormecido, en el embeleso que produce el cálido disfrute camina sin saberlo a la consumación del ciclo de la vida, que inexorablemente, está abocada a morir en este fuego.     CONCHA BELMONTE          junio de 2.017  

LA ESQUINA DE LOS BESOS

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  Estoy en esa esquina de la vida donde nadie vendrá, ni a nadie espero y sin embargo miro arriba y un lucero me hace señales como de acogida.   Me duele el alma cansada y aburrida de esperar, de añorar con desespero el regreso de algo que se me fue ligero y sin mirar atrás, roto en su sacudida.   Volver, girar, despedazar ilusiones sentidas a destiempo, sin calcular el daño hecho, el dolor ajeno no hay que tenerlo en cuenta.   Cerrar los oídos y no oír esas notas queridas, dulce la melodía que acunó nuestro lecho. Y caminar a ciegas en la noche más cruenta.   CONCHA BELMONTE     octubre de 2.016

LA RAÍZ Y LA FLOR

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  La raíz y la flor son una misma cosa unidas por el tallo, sus espinas y hojas, que puede ser rosal o puede ser jazmín, o cardo borriquero, que colocó el Señor por defender la flor de impulso traicionero de la mano asesina que sólo se detiene cuando encuentra un dolor.   Pero hoy es primavera, el tiempo de la flor, y la raíz espera que llegue la ocasión de que muera la flor para cuidarse ella, que enterrada en la tierra poco sabe del sol, de la belleza de la flor, que le dan ilusión y matan la tristeza a la mirada que contempla el ciclo de la vida en todo su esplendor.       CONCHA BELMONTE            abril de 2.024  

LA GARZA SAGRADA

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  Bajando hacia el sur, mi faluca navega despacio surcando las aguas sagradas del Nilo. A su paso levantan el vuelo la Garza que construye el nido junto a su ribera de ensueño, y el Ibis contempla cómo va surgiendo brizna a brizna, el hueco esponjoso, que acoge los huevos, promesa de vidas futuras. Y mientras contempla sueña con el viejo tiempo cuando acompañaba al Faraón niño, el futuro dios de su antiguo pueblo.   Y yo también   sueño sentada en la proa, y   al igual que el Ibis recuerdo. Recuerdo los tiempos pasados, cuando allá en Dendera, sobre la cubierta del templo de Athor, me sentía envuelta, mirando al poniente, en el misterioso fuego del ocaso. Y creía oír la voz de la Diosa llamándome hija, mostrando su reino que me encomendaba, como hacen las madres antes de partir dejando este mundo, al tierno cuidado de sus descendientes.         CONCHA BELMONTE        octubre de...