LA NIÑA DE LA CALETA
Paseando por la playa
la niña de la Caleta
con su falda de volantes
y su pañuelo de seda
se mueve con tal donaire
que le llueven los piropos
que los marengos le echan.
Ella acelera su paso
y con dejadez se sienta
en una roca apartada.
Contempla el mar y suspira
mientras escapa una lágrima.
Las olas vienen y van
y su pensamiento vuela,
y platica con el mar.
Vete mar y no regreses
y permíteme que vea esa arena de tu lecho.
Ese lecho tibio y terso que un día nos acunó.
Lanza un suspiro, y casi a gritos agrega:
pero no te vayas mar, ven en busca de mi cuerpo,
de mis sueños naufragados,
y el olvido que no acaba de llegar.
Regresa para abrazar este cuerpo dolorido
hundido en tantos fracasos, y sujétalo tan fuerte
que mi cuerpo y mis fracasos queden sujetos y unidos
con la mejor de tus olas hasta que se quede inerte,
y dormiremos por siempre abrazados en tu seno.
Si esta ha de ser mi suerte, quiero sentirme en tu abrazo
hasta formar sólo un todo con la muerte.
CONCHA BELMONTE
febrero de
2.018

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