PROTEO
PROTEO
Caminando en la noche de los sueños raros,
tocando con la mano estrellas,
duendes, unicornios,
me encontré frente a frente con
el viejo rey,
el astuto y esquivo, el que se
esconde siempre
de sus adoradores y vive oculto
en las profundidades;
su sorpresa, sólo comparable a la
mía, lo dejó quieto;
su mirada furtiva y su gesto
huidizo, sin mirarme a los ojos,
despertó en mí el deseo de implorarle
su ciencia,
y siguiendo mi impulso le
supliqué apremiante:
Astuto Proteo, sabio pastor de
rebaños marinos,
dame la dicha de escuchar tu
palabra;
profetiza para mí, sólo la parte
amable de lo venidero
y dime qué de bueno me reserva el
Destino.
Y a cambio de tu sabiduría
yo cuidaré tus rebaños de focas,
vigilaré incansable mientras tú
duermes
para que nadie turbe el sueño
sagrado de tu siesta.
Y el astuto, el esquivo, sucumbió
a mi humildad insistente,
sonrió confiado y me besó la
frente.
CONCHA BELMONTE
febrero de 2.011
PROTEO
Caminando en la noche de los sueños raros,
tocando con la mano estrellas,
duendes, unicornios,
me encontré frente a frente con
el viejo rey,
el astuto y esquivo, el que se
esconde siempre
de sus adoradores y vive oculto
en las profundidades;
su sorpresa, sólo comparable a la
mía, lo dejó quieto;
su mirada furtiva y su gesto
huidizo, sin mirarme a los ojos,
despertó en mí el deseo de implorarle
su ciencia,
y siguiendo mi impulso le
supliqué apremiante:
Astuto Proteo, sabio pastor de
rebaños marinos,
dame la dicha de escuchar tu
palabra;
profetiza para mí, sólo la parte
amable de lo venidero
y dime qué de bueno me reserva el
Destino.
Y a cambio de tu sabiduría
yo cuidaré tus rebaños de focas,
vigilaré incansable mientras tú
duermes
para que nadie turbe el sueño
sagrado de tu siesta.
Y el astuto, el esquivo, sucumbió
a mi humildad insistente,
sonrió confiado y me besó la
frente.
CONCHA BELMONTE
febrero de 2.011
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