VOLVER, VOLVER
La
tormenta ha pasado.
Las
nubes se dispersan llevadas dulcemente
por
una tenue brisa.
El
asfalto, de charol por la lluvia,
está
haciendo de espejo a una tímida luna.
Una
estrella, y otra y otra algo más lejos,
surgen
de entre las nubes allá en el ancho cielo.
En
un sitio lejano un hombre torpemente
se
hunde en el abismo. Se hunde sin remedio.
Un
suspiro, una lágrima, un estremecimiento.
Y
con sumo cuidado, vacío mi corazón de su recuerdo.
CONCHA BELMONTE
mayo de 2.017

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