LOS COLORES DE LA VIDA

 



Desde que tú te has ido

me voy perdiendo a veces

por las estrechas callejuelas de la vida.

Y no salgo a buscarte, para qué.

En esas callejuelas me pierdo por placer,

por disfrutar de este tiempo que es mío,

el que tú me robaste, porque yo te dejé.

Y como el tiempo es mío, no tengo que dar cuenta,

voy de acá para allá, sin prisas y sin meta,

sólo paseo a mi aire,

y descubro colores que antes no veía

cegada por tu luz. Me dejo sorprender

por  el oro del sol, o en el gris de una nube

de caprichosa forma que parece una flor,

o ese rojo encendido del ocaso en la tarde.

Mi color favorito sigue siendo el azul,

el zafiro del cielo cuando llega la noche,

y sobre él, parpadean miríadas de luceros

como recién nacidos.

A lo lejos, el reflejo azulino de la línea del mar.

Y aquí a mis pies corre azul un arroyo pequeño.

Me recuesto dichosa contra el tronco de un árbol,

que en la penumbra también se vuelve azul,

y agradezco a la vida lo que pone a mi alcance.

Sólo ella sabía  qué me andaba perdiendo.

 

 

  CONCHA BELMONTE

    septiembre de 2.018

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