Tal vez un día pasarás a mi lado y al cruzar una calle nos miremos sin querer, y no nos saludaremos, volverás la cabeza con cuidado. Como un extraño mirarás a otro lado, mi corazón en el disparadero, sube a mi garganta, mira al alero siguiendo su camino alborotado. Quizás llegado es el momento de decir: Anda con Dios y que Dios te entienda, El haberte perdido fue una suerte. Por fortuna no tuve que maldecir la historia de tu amor, esa contienda que gané yo porque soy la más fuerte. CONCHA BELMONTE febrero de 2.024
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