VIVIR DEL CUENTO
A esa niña inquieta que aún vive en mí
le
gustan los cuentos de duendes y gnomos traviesos,
de
dragones fieros y hadas madrinas,
del
bosque encantado donde la abuelita no le teme al lobo
y
ella se pasea con su canastito con miel y pan tierno
y
el bosque reparte amor y silencio.
Pero
a esta mujer de cabello cano,
de
alma dolida y pasos cansados,
le
aburren los cuentos que cuenta
quien
quiere seguir engañando
a
sus semejantes para sorprenderlos
en
su buena fe de gentes ingenuas,
materia
propicia para ir tirando
y vivir del cuento.
CONCHA
BELMONTE
junio de 2.019

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