ALEA IACTA EST
Una
noche en la barra repleta de un bar
en
esa ciudad dónde ocurren de noche mil cosas,
al
recoger tu copa tropezaste conmigo.
Me
diste una disculpa envuelta en tu sonrisa,
sólo
vi tu sonrisa pero fue suficiente,
tu
sonrisa y la mía, apenas un segundo,
me
cambiaron para siempre la vida,
pues
desde ese momento, sin que cambiara nada,
todo
cambió. Justo en ese momento
mi
suerte estuvo echada, y como Julio Cesar,
sin
moverme del sitio, cogida a tu sonrisa,
juntos
los dos cruzamos el Rubicon.
Tú
ya no estás conmigo, pero voy a quedarme
eternamente
anclada en esta orilla,
viendo
del otro lado todas esas mil cosas
que
siguen ocurriendo allá enfrente de mí.
Dejo
correr el agua del río de la vida
y
veo tomar copas en la barra repleta de aquel bar.
Aquí
me encuentro bien y no me tienta nada
de todo aquello que mi vista alcanza,
sólo
echo de menos esa sonrisa tuya que te llevaste.
Sé
que no volverás, pero si vuelves
y
no me muevo, sabrás dónde encontrarme,
prueba
a volver.
CONCHA BELMONTE
abril de 2.019

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