NOCHE DE VERANO MALAGUEÑO

 







Una noche veraniega de la tierra malagueña,

busco la brisa nocturna y empiezo a contar estrellas.

Al fondo sale la luna y con su luz amarilla,

borra estrellas, una a una, y se convierte en la reina

de la oscuridad profunda. De pronto, bajo mi ventana,

la voz de una gitanilla lanza al aire una coplilla

que su compañero aplaude, y con palmas lisonjeras

le grita: viva tu madre, que te hizo tan bonita

y tan buena cantaora que da gusto de escucharte.

Ole tú, le grito yo desde arriba, y lanzándole una flor

que la chiquilla recoge, me mira y me da las gracias.

Las dos miramos al cielo, no sé lo que ella piensa,

yo por mí, agradezco a Dios el regalo que me ha hecho.

 

 

               CONCHA BELMONTE

                    agosto de 2.024

 

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