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SOY ABUELA

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    Anteayer yo era niña, era hija y nieta. Y casi en un suspiro, con las bromas del tiempo, hoy soy abuela. He creado otras vidas, que ya no son mi vida aunque las ame con un amor tan sincero y tan fuerte, que dan   calor y alegría a esta vida que tengo. Y contemplo mi obra con ojo de artista satisfecha de un trabajo bien hecho, y en mi mirada incluyo el pasado y presente, poniendo lo mejor de mi empeño en saber transmitir el tesoro heredado de las que me formaron, a estas vidas nuevas que tanto quiero. Y en mi recuerdo, paseo cogida de las manos de mi madre y mi abuela por los caminos de mi infancia, a su sombra, segura y confiada de que con ellas nada malo nunca me iba a rozar, y me vuelvo al presente y   me digo con infantil orgullo, que lo que mis mayores me dieron, lo conservo y lo cedo a quienes me han de heredar. Y sé que muchos días estoy amaneciendo con ganas de extinguirme, casi nada me queda ya por hacer, y respiro tran...

MORIR SIN MUERTE

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      Mil veces he llorado tu muerte y nadie te ha matado. Es insufrible este dolor tan fuerte de ver que lo mejor de ti lo vas arruinando. Sin provecho ni motivo amor, sólo por pedirle a la vida lo que te dio con creces y no has sabido verlo. Y vas corriendo como animal en estampida en busca de unos torpes sueños que no te llevan a ninguna parte. Tras ilusiones huecas sin tino ni medida.       CONCHA BELMONTE, diciembre de 2.017  

NACER VALIÓ LA PENA

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      Por muchas de estas cosas que me alimentan y le dan a mis días razón de ser y lo mantengo y lo deseo. Oír tu voz desgranando palabras que únicamente tú y yo entendemos, tener junto a la mía, la seda caliente de tu piel, o poder ser tu consuelo   si algo te atormenta. sentir como mi alma hecha pedazos rota,   por el airado acero de una mirada tuya, que se apacigua ante mi tristeza y melancolía, Es lo que me hace saber por qué valió la pena haber nacido y volver a nacer todos los días.     CONCHA BELMONTE   diciembre de 2.014  

NOCHE Y DÍA

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      Miles de noches viniste a mí en los sueños a robarme el descanso, a beberte mis versos, a devorar mis ansias, a acariciar mi pelo, a consumir mis fuerzas, a romper mi silencio, a mitigar mi llanto, para marcharte luego cuando apuntaba el día jurando que en la noche y el sueño volverías.   Yo dibujé tu cuerpo y esculpí tu figura, yo te sembré de dones de amor y de hermosura, yo hice florecer en tu boca la sonrisa, aunque sólo en los sueños, nunca en la vida. Y por esta injusticia no tengo paz de noche y en una   guerra absurda se van desenvolviendo tan despacio mis días.       CONCHA BELMONTE, junio de 2.019

LA ENEMIGA

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                       Cuando no te esperaba, me arrebataste traicionera, lo que más quería. Hoy te llamo y no acudes, pareces complacerte en mi dolor, eres sorda a mis ruegos, y oigo a mí alrededor el silbido que produce tu guadaña en el vaivén macabro de la incesante siega de   las vidas que me son más caras que la mía.   Siento en mi piel el aire gélido que dejas a tu paso y como un ciego, extendiendo los brazos, busco en la oscuridad tropezarme contigo. Un amargo regusto de hiel en mis labios cansados de tanto suplicar que te acuerdes de mí, que en las cuencas vacías de tus ojos, donde nunca se albergara la piedad, haya por fin, un destello que nos reconcilie.     CONCHA BELMONTE, agosto de 2.006