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TE DOY LAS GRACIAS

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  Te doy gracias Señor, por esta vida que me has dado. Por todo lo bueno que me ayudaste a hacer, y por lo malo que pude hacer y lo impediste. Por el amor y la amistad que pusiste en mi mano, por el dolor que me impulsó a crecer y por la dicha que me has proporcionado. Por los sueños tempranos o tardíos, que me diste y tantas otras cosas que vinieron a mí como un regalo. Por eso hoy Señor, que por ley natural, el final está cerca, quiero darte las gracias. Sin palabras ajenas, y aún mejor, sin palabras. Y cuando veas que estoy mirando al cielo, es que te doy las gracias, si acaricio una piedra, es que te doy las gracias, Si contemplo una flor, es que te doy las gracias, y cuando beso a un niño, te estoy dando las gracias; si perdono una ofensa, es que te doy las gracias, cuando cierro los ojos, también te doy las gracias, y aprovecho el momento para mirar con los ojos del alma, y así, con mirada más amplia, poder también Señor, darte las gracia...

EL PASO DE LAS ESTACIONES

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          A la puerta está llamando el invierno y mi alma siente el frío desolado de la tarde que anochece en descampado ausente tu calor tan dulce y tierno.   Así el   último verano ya pasado que nos adormeció con su tibio calor. Este sueño, ilusión de un amor que nos rozó con tacto delicado.   Pero pasó el verano y el   otoño y toca ahora hacer frente al invierno con su frío para helar las ilusiones.   Nos queda la esperanza del bisoño, que el tiempo corre y trae otro tierno regalo en el girar constante de las estaciones.          CONCHA BELMONTE       diciembre de 2.017

COMO LA BRISA

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      Quisiera ser la brisa que te roza la frente y que no estés seguro si es que te la rocé o fue que lo soñaste.   Quisiera que mi mano para ti fuera ala de mariposa que te siembre la duda de si sigues soñando. Quisiera siempre abierta la puerta de tus sueños y poder a mi antojo salir y entrar en ellos. Fabricarte la dicha, aunque tú no lo sepas, con   mi amor   protegerte   del dolor del olvido, que puede ser, a veces, el dolor más amargo. Mi presencia innombrada hará que ese dolor que a ti te esté doliendo no me borre de ti. Y mi amor tu coraza, aunque tú no lo sepas.              CONCHA BELMONTE              septiembre 2.014

PURA AGONÍA

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    Esa mirada tuya, pura agonía, me parte en dos el alma. Y siento tu desgracia que hoy también es la mía. Pues por lo que te quise, mi deseo más grande fue pasar por tu vida sin romperla ni mancharla. Como dicen que pasó Jesús   Por el vientre de María.           CONCHA BELMONTE             agosto de 2.016

QUÉ SILENCIO GRITARÁ TU NOMBRE

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    Qué silencio gritará tu nombre. Dónde te encontraré de nuevo, esa es la desazón que nubla mis sentidos. Sé que te echo de menos. Y quizás no te has ido, es que nunca viniste. Y con miedo me asomo a tu mirada. A verme naufragar en el ingrato mar de la desesperanza. Y es tan grande el dolor,   tan inmenso el olvido.     CONCHA BELMONTE           abril de 2.016  

POR QUIEN DOBLAN LAS CAMPANAS

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   Se oye a lo lejos un toque de campana con el sonido propio de tocar a muerto y yo, me asomo a la ventana para mirar la tarde que   también está muriendo, y me paro a preguntarme por quién doblan las campanas? Es por la tarde?   Y me contesto: seguro que por la tarde no, doblan por un muerto de hoy, y mañana recuerdo sólo en el corazón de alguien que lo amó y le rinde homenaje haciendo que doblen las campanas para decirle adiós.   Las campanas seguirán tocando a muerto y seguirá habiendo duelos, y gentes afligidas y desde mi ventana   oiré su tañido cuando la luz se muere y la contemplo mientras ante mis ojos pasa la vida.   Buscando una respuesta el alma dolorida entre duda y dolor se recoge hacia dentro y no logra entender a qué hemos venido, ni si es esto todo sin más discernimiento que nos pueda explicar el paso por la vida.     CONCHA BELMONTE        ...

CAMINO AL PARAÍSO

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      Esta mañana he despertado huérfana, mientras dormía un beso se me ha muerto entre los labios. Tengo la boca fría y el corazón casi deshecho, sin calor. A ratos, desde que he despertado, me pregunto si estaré huérfana o es que estoy muerta, y me palpo para saber si la sangre se mueve por mis venas, escucho su latido, oigo cómo camina y no siento alegría, quiero mi beso muerto y si eso no es posible, quiero morir con él.   Mi pobre beso muerto se me vuelve ceniza poco a poco por dejarse aventar en el recuerdo, ya ves, tan poca cosa que es un beso muerto y yo sin él me estoy muriendo. Sólo por consolarme miro el azul del cielo con sus nubes viajeras, agarrada a mi beso muerto. Me tumbaré a su lado y cerraré los ojos para que no esté solo, nos acompañaremos hasta llegar al Paraíso dónde tienen su sitio los besos muertos y los amores locos.   CONCHA BELMONTE           ener...