EL RODAR DE TU OLA


Aquel día de un tiempo ya lejano
De luz, de amor, de posesión y entrega,
Me abrazaban tus aguas.
El sol jugando entre las nubes,
A ratos, volvía tu azul dorado.
Mientras yo, tontamente corría
A salvarme en la arena.
Y desde allí, contemplaba el rodar de tu ola
Rogando  para dentro: que me alcance,
Oh Dioses, permitid que me alcance.


    CONCHA BELMONTE, septiembre de 2.015

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