EL TIRO DE GRACIA
Escucha, no te sientas culpable,
no dejes que te afecte mi grito de protesta;
ni siquiera por ti, soportaré en silencio
tanto dolor inútil.
A peores tormentas he sobrevivido,
no necesito más que un rayo de esperanza,
una hilacha pequeña de certeza
de que voy a poder desasir tu recuerdo.
Y que sacudiré los afilados dientes
de esta furia insensata que quiere que claudique,
cuando ya he claudicado, en el intento
vano de no sé qué revancha.
Y lo mismo que para poder verte,
siempre he tenido que buscar la penumbra,
hoy para ver la luz, busco la claridad
de la clemencia que pueda redimirte.
Y de nuevo volveré al lugar
donde siempre he tenido mi sitio;
y no te sientas mal, porque a este amor
que antes de nacer ya estaba sentenciado,
de tu mano le vino, sólo el tiro de gracia.
CONCHA BELMONTE, septiembre de 2.007

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