PRESENTIMIENTOS
Desde antes que llegaras, sabía que te irías,
como sabe el enfermo que la muerte está cerca,
y acecha en la penumbra el revuelo de su túnica.
Nadie sabrá jamás las veces que he contado
tus pasos alejarse, y vi la soledad cruzando por mi vida,
igual que cruza el tren de la mañana por el paso a nivel,
sólo que más deprisa, sin mirar alocado
cómo está la barrera.
En medio de este llano comido por el polvo,
con sus pobres casillas de arrabal provinciano,
de ventanas cubiertas con cortinas de herrumbre,
he vuelto a oír tus pasos que ya no me emocionan,
y miro indiferente, cómo en tus ojos húmedos,
la noche se confunde y se vuelve crespones.
CONCHA BELMONTE
junio de 2.002
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