LA ENEMIGA

 

                   

 

Cuando no te esperaba, me arrebataste

traicionera, lo que más quería.

Hoy te llamo y no acudes,

pareces complacerte en mi dolor,

eres sorda a mis ruegos, y oigo a mí alrededor

el silbido que produce tu guadaña

en el vaivén macabro de la incesante siega

de  las vidas que me son más caras que la mía.

 

Siento en mi piel el aire gélido que dejas a tu paso

y como un ciego, extendiendo los brazos,

busco en la oscuridad tropezarme contigo.

Un amargo regusto de hiel en mis labios cansados

de tanto suplicar que te acuerdes de mí,

que en las cuencas vacías de tus ojos,

donde nunca se albergara la piedad,

haya por fin, un destello que nos reconcilie.

 

 

CONCHA BELMONTE

      agosto de 2.006

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