A UNA PRINCESA AUSENTE

 


 

 

Si existieran los genios

de las lámparas mágicas,

y su poder quisiera

atender a mi súplica,

pediría mil veces un deseo,

sólo uno, siempre el mismo:

que se acabe tu ausencia

y que vuelvas a mí.

Contemplarte pequeña,

y sentirte dichosa,

y segura, y fragante,

y jugar a los juegos ingenuos

que jugaban las niñas de antes.

Y sólo con levantar la mano

borrar de la memoria

todos los años malos,

toda esa amarga historia,

todos los sinsabores,

todos los sufrimientos

que te causó la vida,

todos los contratiempos

y todos tus dolores.

Y que de nuevo fueras

la princesa del cuento

que empezamos ha tiempo

y nunca terminamos.    

 

 CONCHA  BELMONTE

       abril de 2.008

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