LLUEVEN GOTAS DE ALEGRÍA

 









En la noche y su negrura, esa noche en soledad

que arrastra cogida por la cola a la locura,

yo me voy diluyendo entre las sombras

y dejo de ser yo para ser niebla.

Niebla espesa y viscosa, me convierto en camino

por donde van las sombras de miles de fantasmas,

seguidos por millares de buitres en busca de carroña,

hienas enseñando los dientes en horrible sonrisa,

y culebras que se enroscan y estiran para alcanzar un nido.

 

Me paro y busco mis pedazos dispersos

en la noche, quiero recuperarlos y volver a ser yo,

los recojo y los voy ajustando como un rompecabezas,

cada vez más completa, cada vez menos rota,

y me animo, y acaricio mis piezas que desprenden calor.

Desde lejos me llega un suave bisbiseo,

me detengo y escucho. Oigo caer pequeñas gotas de alegría

no se sabe de dónde tamborileando en el suelo

justo a mis pies; y por fin me despierto.

 

 

CONCHA BELMONTE

     mayo de 2.020

 

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