LOS PLIEGUES DEL ALMA
Mi
alma se pliega y se hace pequeña
y
mi torpe cuerpo, no la reconoce,
pero
allá en el fondo siente su dolor.
Un
dolor antiguo, roto y recompuesto
con
muchos dolores distintos que se van uniendo
hasta
que se forma esa procesión
de
fantasmas de todos los muertos
que
se han ido yendo y dejan mi alma
plegada
y pequeña, en el abandono
de
toda ilusión, mirando hacia atrás
llena
de nostalgia, falta de esperanza,
rota
de dolor.
Pero
el alma, que se sabe eterna
entiende
que debe mirar hacia fuera,
que
su renacer depende de ella y envalentonada
se
estira y exige al caparazón de mi cuerpo
que
le dé su aliento.
Y
mi sangre galopa en mis venas
dispuesta
a atender eso que mi alma
le
pide, que no es más que amor.
CONCHA BELMONTE
enero de 2.019

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