LA HERIDA
Se escucha cercano un leve rumor,
surge de la nada una aparición
extraña y hermosa que causa temor.
Vista a contra luz la figura erguida
con aires de estatua de un antiguo dios
de la antigua Grecia por su perfección.
La figura de pronto se mueve y cobra vida
Y en la anochecida con un sol de fuego
el rostro del hombre refleja dolor,
profunda tristeza en su triste mirada,
con un pliegue amargo que frunce la boca
de bello contorno, labios apretados
como si quisieran ahogar un sollozo
que de la garganta sube hasta la boca
y allí muere preso por entre los dedos
que la están tapando con gesto nervioso.
El hombre me mira y parece que me quiere hablar
y no dice nada, ladea la cabeza y se gira,
a paso cansino echa a caminar y dobla la esquina.
Y dentro de mí sé que algo se ha roto,
porque esa mirada igual que un puñal
me dejó una herida,
y que yo impotente no podré curar.
CONCHA BELMONTE
mayo de 2.020

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