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A UNA PRINCESA AUSENTE

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      Si existieran los genios de las lámparas mágicas, y su poder quisiera atender a mi súplica, pediría mil veces un deseo, sólo uno, siempre el mismo: que se acabe tu ausencia y que vuelvas a mí. Contemplarte pequeña, y sentirte dichosa, y segura, y fragante, y jugar a los juegos ingenuos que jugaban las niñas de antes. Y sólo con levantar la mano borrar de la memoria todos los años malos, toda esa amarga historia, todos los sinsabores, todos los sufrimientos que te causó la vida, todos los contratiempos y todos tus dolores. Y que de nuevo fueras la princesa del cuento que empezamos ha tiempo y nunca terminamos.          CONCHA   BELMONTE,   abril de 2.008

RECUÉRDAME AMOR II

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    Recuérdame amor, aunque te hayas ido, aunque donde estás sea un mundo mejor, y no necesites de ningún recuerdo para ser feliz, por lo que me amaste, por lo que te amé, aún en el Cielo me recordarás, cuidarás de mí y desde tu sitio me has de ayudar a que estemos juntos dónde no hay dolor. Mientras eso llega, recuérdame amor.      CONCHA BELMONTE, 14 de octubre de 2.019

DISTINTOS

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    Te he querido, con todo el corazón, sinceramente, y he procurado que tú y yo fuéramos uno. Caminado a tu sombra, buscando con tesón confundirme contigo. He buscado los momentos propicios para que hubiera comunión entre nosotros. Y he conseguido, convencerme tan solo, hacer que sea bien claro y evidente, que es inútil luchar contra el destino, y que éste, desde el principio de los tiempos Había dispuesto, para la eternidad, que tú y yo fuéramos diferentes.       CONCHA BELMONTE,   abril de 2.006

TIEMPOS DE OTOÑO

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          Tiempos de otoño, tiempo de sueños, de flores y frutos otoñales, de aves emigrantes en busca de calor, de paseos mañaneros buscando la tibieza de un sol amigo. Y al filo de la aurora, cuando al amanecer cantan las aves y la brisa es suave y en el jardín las flores nos brindan su perfume al abrir sus corolas, mientras suena a lo lejos una campana que invita al rezo, yo me estremezco. Y entretanto, en completa   armonía desde dentro de mí, le doy gracias al Cielo que tenía dispuesto regalarme otro día para sin condiciones rellenarlo de vida, de amor y de ilusiones, de sencilla alegría.   CONCHA BELMONTE, octubre de 2.019

EL TIRO DE GRACIA

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        Escucha, no te sientas culpable, no dejes que te afecte mi grito de protesta; ni siquiera por ti, soportaré en silencio tanto dolor inútil.   A peores tormentas he sobrevivido, no necesito más que un rayo de esperanza, una hilacha pequeña de certeza de que voy a poder desasir tu recuerdo.   Y que sacudiré los afilados dientes de esta furia insensata que quiere que claudique, cuando ya he claudicado, en el intento vano de no sé qué revancha.   Y lo mismo que para poder verte, siempre he tenido que buscar la penumbra, hoy para ver la luz, busco la claridad de la clemencia que pueda redimirte.   Y de nuevo volveré al lugar donde siempre he tenido mi sitio; y no te sientas mal, porque a este amor que antes de nacer ya estaba sentenciado,   de tu mano le vino, sólo el tiro de gracia.             CONCHA BELMONTE, septiembre de 2.007