A UNA PRINCESA AUSENTE
Si existieran los genios de las lámparas mágicas, y su poder quisiera atender a mi súplica, pediría mil veces un deseo, sólo uno, siempre el mismo: que se acabe tu ausencia y que vuelvas a mí. Contemplarte pequeña, y sentirte dichosa, y segura, y fragante, y jugar a los juegos ingenuos que jugaban las niñas de antes. Y sólo con levantar la mano borrar de la memoria todos los años malos, toda esa amarga historia, todos los sinsabores, todos los sufrimientos que te causó la vida, todos los contratiempos y todos tus dolores. Y que de nuevo fueras la princesa del cuento que empezamos ha tiempo y nunca terminamos. CONCHA BELMONTE, abril de 2.008