LA PIEL DE LA SERPIENTE
Tu piel llena de escamas igual que la culebra al tocarla mi mano, de pronto se hace seda y parece de raso bordada en lentejuelas. Mi mano se estremece en un escalofrío, mis ojos asustados miran sin ver belleza en ese tacto impío que engaña mi sentido y mi temblona mano huye de ese contacto y le cede a mis ojos la terrible tarea de decirme quien eres, qué buscas, qué quieres. Vienes pidiendo amor con actitud humilde pero ya no me engaña tu plumaje de cisne porque mi mano con tiempo ha comprendido que tú nunca has volado, sólo te arrastras en tu piel de serpiente. CONCHA BELMONTE mayo de 2.022