PAJAREANDO
Me crecen malas hierbas al borde del camino estoy triste y no lloro, ni lágrimas me quedan, y el corazón, que sigue siendo niño, se rebela, se encrespa y a borbotones suelta un sinfín de lamentos, porque no se resigna a una sinrazón que no comprende. No se siente culpable de ningún desvarío que lacera este cuerpo que sólo él sustenta, y se cansa y lo cansa esa inútil espera, de seguir esperando algo que no conoce. Que puede ser la muerte, o puede ser la dicha de encontrar solución para tan larga vida. CONCHA BELMONTE abril de 2.024